Mi nombre es Milagros Lucero. Vivo actualmente en Rosario, pero soy de Nogoyá, Entre Ríos.
Soy artista plástica. Hace dos años me dedico por completo al arte, desarrollando obras propias, colecciones y proyectos artísticos.
Pinto de forma figurativa, mezclando a veces con realismo: es mi lenguaje de expresión principal, mi forma de descubrimiento, lo que voy transitando. También disfruto mucho hacer trabajos únicamente abstractos.
Estudié en conservatorios con distintos profesores durante aproximadamente 14 años, desde los 10. En el camino también hice formación en dirección de arte, diseño gráfico y diseño digital, explorando la creatividad desde distintos lugares, no solo desde la pintura.
Antes de dedicarme al arte, estudié ingeniería civil y trabajé cuatro años en constructoras como jefa de obra. Sumado a estos dos años dedicada de lleno al arte, tengo seis años de trayectoria profesional. De la obra me quedaron algunos de mis mejores aprendizajes: la mirada técnica, la atención al detalle y el manejo de proporciones y espacios que hoy uso en cada obra.
Desarrollo propuestas artísticas para arquitectos e interioristas que buscan que el arte forme parte del proyecto, no de la decoración.
En un proyecto grande, distintas áreas terminan con obras de estilos que no tienen relación entre ellas ni con la línea decorativa del lugar. El hall tiene una obra, el pasillo otra, cada piso la suya, y ninguna conversa con las demás.
Se elige una pieza para ocupar un espacio vacío, en lugar de una que termine de comunicar lo que el proyecto ya venía diciendo con sus materiales y terminaciones. Si se pensó cada detalle, el arte merece el mismo criterio.
Una obra puede ser hermosa y aun así estar mal dimensionada para el espacio que ocupa. El problema no es la obra en sí, sino que no se pensó en relación a su escala real.
Desarrollo propuestas a medida cuando el proyecto lo pide. Trabajamos juntos desde la conversación inicial: me contás el concepto, el lenguaje y la intención del espacio, y a partir de ahí diseño una obra pensada específicamente para ese lugar, con el tamaño, la paleta y el formato que la escala real pide. Mantenemos comunicación fluida durante todo el proceso, así cada pieza queda coherente con el resto del proyecto, en vez de sumarse como un elemento aislado.
También puede ser al revés: si ya tenés una idea clara, una obra de tal medida, para tal lugar, contás con una artista de confianza que sabe resolverlo. Así como todo arquitecto tiene un carpintero de confianza al que le encarga el mueble exacto que necesita, esta es esa misma relación aplicada al arte: me decís qué necesitás, y yo lo resuelvo.
Esa mirada nace de mi propia formación: estudié ingeniería civil y trabajé varios años en obra, así que pienso cada pieza en relación directa a las proporciones, la escala y las terminaciones reales del espacio. Es la misma atención con la que ya se pensaron los materiales y la luz del proyecto, aplicada también al arte.
Trabajamos en equipo. Mi rol es el de partner creativo en la parte artística de tu proyecto, no un proveedor externo.
Nos reunimos, en persona o por videollamada, para conocernos y entender el proyecto.
Reviso planos, materiales y la intención general del espacio.
Miro la paleta, las texturas y el estilo que ya definieron los materiales.
Presento el concepto, la paleta y el formato antes de empezar a pintar.
Pinto la obra en mi taller, con seguimiento del proceso si lo necesitás.
Coordinamos la entrega de la obra terminada. Si querés, puedo acercarme a ver cómo queda en el espacio, pero la colocación la resuelve el equipo de instalación del proyecto.
Obras desarrolladas a medida para cada proyecto
Partner creativo, no proveedor externo: trabajo en equipo con el estudio
Comunicación fluida en todo el proceso
Artista de confianza para piezas a medida, con tus propias especificaciones
Producción y envíos a todo el país
Sí, ya trabajo con estudios de arquitectura en proyectos de interiorismo.
Sí, para oficinas, hoteles, clínicas o locales comerciales.
Sí, coordinamos según el proyecto. Hago envíos a todo el país.
Depende del formato y la propuesta, se define en la etapa de desarrollo.
Sí, lo vemos juntos según el proyecto.
Me encantaría conocerlo y pensar juntos una propuesta artística.
Hablemos por WhatsAppObras reales, mostradas con el espacio para el que se pensaron: antes y después, técnica, medidas, y qué se tuvo en cuenta al elegirlas.
Querían que la obra se basara en su identidad visual y su logo, funcionando como una pieza que representara la marca del estudio en la recepción, el primer punto de contacto con cualquier visita.
Elegí 100 × 100 cm para que la obra sostenga el espacio como pieza autónoma, con el centro ubicado a la altura natural de la mirada. Ese formato genera presencia inmediata sin saturar la pared ni competir con la arquitectura del hall.
Tomé la paleta de identidad del estudio, negros, grises y beige, para que la obra se integrara a su sistema visual completo, no como un elemento aislado.
Tomé el isotipo del estudio (el mazo de martillero y la llave cruzados) como punto de partida y convertí esa figura en una imagen realista, ganando presencia y volumen frente al trazo lineal del logo original. Ubicada sobre una silueta de ciudad que representa a Rosario, Santa Fe, la pieza condensa las dos disciplinas del estudio en una sola imagen: un puente entre derecho y oportunidades, en línea con su propio concepto de marca. El fondo abstracto responde a mi identidad como artista, integrando el lenguaje visual del estudio con mi propio lenguaje pictórico.
Tenían una casa muy neutra y minimalista, y buscaban un estilo fluido de arte, algo relajado que se integrara al espacio sin imponerse. Me mandaron fotos de referencia como punto de partida.
Propuse incorporar notas de turquesa para que la obra se distinguiera de otras piezas del mismo estilo y no quedara genérica. El turquesa además dialoga con los acentos de color que ya tenían en el sillón y otros elementos de la casa, así la obra queda integrada al conjunto en vez de sumarse como algo aislado.
Elegí un formato vertical alargado, 150 × 60 cm, para acompañar la pared en altura sin ocupar todo su ancho, dejando que el espacio respire, coherente con la búsqueda minimalista del cliente y con el criterio de proporción de dos tercios respecto al mueble bajo sobre el que se ubica.
Una pieza que tuviera presencia y destacara en el ambiente, pero sin sobrecargarlo. Tonos neutros que acompañaran el espacio en vez de dominarlo.
Elegí un cuadrado de 90 × 90 cm para que la obra acompañara la geometría de la mesa, también cuadrada, generando continuidad entre el mobiliario y la pared. El formato alarga visualmente el espacio y le da presencia sin necesidad de un tamaño mayor.
Una franja de hoja de oro atraviesa la composición como una línea de horizonte, sobre una base en tonos neutros. La hoja de oro tiene la particularidad de responder a la luz natural: según la hora del día y cómo incide el sol, la pieza cambia sutilmente de aspecto sin perder su base neutra, lo que le da una presencia viva en el espacio en vez de una imagen estática.
Una obra para la habitación de una niña, pensada para acompañarla en el tiempo, no un motivo demasiado infantil que en unos años dejara de sentirse propio. El resto de la decoración ya trabajaba en esa misma dirección, con rosas suaves y claros que favorecen el descanso sin perder lo femenino ni el espíritu de infancia.
Propuse una mariposa a partir de lo que ya sabía que le gustaba a la niña. Mantuve la paleta clara y los tonos rosados del resto del ambiente para que la obra dialogara con la habitación, pero la resolví en textura en vez de un trazo plano: así la imagen gana presencia y peso visual, alejándose del registro puramente decorativo o infantil.
50 × 50 cm, ubicada sobre el respaldo de la cama, con presencia suficiente para ser el punto focal de la pared sin competir con los demás elementos, ya cargados de textura y color.
Me dieron libertad creativa para resolver la pieza.
Elegí la balanza de la justicia como imagen central, con un guiño personal: la hija de la clienta se llama Justina. La resolví en óleo realista, en el centro de la composición, sobre un fondo abstracto que le da profundidad sin distraer del símbolo principal. Busqué potencia visual e impacto inmediato, sin necesidad de sumar colores fuera de la paleta neutra del espacio.
70 × 70 cm le da a la pieza fuerza suficiente para robarse la mirada apenas se entra al ambiente, sin invadir la pared ni competir con el resto del mobiliario.
Un ambiente completamente neutro y minimalista, pero con una obra colorida que funcionara como centro absoluto del espacio y se robara todas las miradas.
Trabajar con color saturado no es mi zona de confort habitual, prefiero paletas neutras, así que esta pieza implicó salir de mi registro más natural. Aun así, la selección de color no fue azarosa: elegí una paleta que combina entre sí con un criterio propio, con tonos desaturados para que aportaran acento sin sobrecargar el ambiente ni romper la armonía neutra del resto de la decoración.
Trabajé en capas de pintura con pasta de modelar, lo que le da a la obra una textura marcada y relieve real, sumando otra capa de presencia además del color.
90 × 120 cm le da a la pieza la escala necesaria para funcionar como punto focal único del living, en línea con lo que buscaba el cliente: que fuera, sin dudas, el centro del ambiente.
Buscaba que la obra fuera protagonista del ambiente, con una paleta que dialogara con el espacio: blanco y gris predominantes. Pidió, además, que la pieza transmitiera sensación de agua.
El sillón mide 3 metros, así que apliqué la regla de los dos tercios: dos paneles de 100 cm de ancho suman 200 cm, prácticamente el 66% del ancho del mueble, la proporción exacta que sostiene el conjunto sin saturarlo. El techo del ambiente es muy alto, así que además del ancho, necesitaba piezas de gran altura para que la composición tuviera presencia real en la pared y no se perdiera en el volumen del espacio.
Dentro del lenguaje abstracto, construí un horizonte que atraviesa las dos piezas, generando la sensación de agua que pedía la clienta. Propuse sumar acentos en rosa viejo y beige sobre la base de blancos y grises, para que la obra conectara con la paleta general del living y aportara calidez, funcionando como protagonista sin quedar aislada del resto de la decoración.
Una pieza que le diera carácter al ingreso, un lugar de tránsito y primera impresión para clientes y visitas, sin caer en algo genérico o puramente decorativo.
El dorado aporta un acabado de mayor jerarquía visual, algo que se percibe como cuidado y de calidad sin caer en lo ostentoso. Al ser foil real, la pieza responde a la luz natural y cambia sutilmente su aspecto según la hora del día, generando una presencia viva en un espacio de paso.
100 × 120 cm le da a la obra la escala necesaria para sostener el muro de partición como pieza autónoma, con el centro a la altura natural de la mirada, funcionando como punto de anclaje visual del ingreso sin depender de otro mueble.
Cada colección tiene su dossier completo acá adentro: statement, ficha técnica de cada obra, y la posibilidad de comprarla.
Figuras femeninas que emergen de un fondo abstracto en una secuencia autobiográfica: de la ausencia de mirada a los ojos completamente abiertos.
Cada pintura presenta una figura junto a un animal que encarna una cualidad que ya habita en ella. "Aura", su segunda pieza, muestra a una mujer sosteniendo dos caballos, uno negro y uno blanco, sin elegir entre ellos.
Una pieza única, pensada para tu espacio.
Creo que una obra no es solo para llenar una pared vacía, es una presencia que transforma la energía de un espacio y acompaña a quien lo habita, todos los días.
Cuando trabajo con comisiones, antes de pensar en la obra, pienso en el lugar que la va a recibir. Cada espacio tiene su propia luz, su escala, sus colores y, sobre todo, su forma de habitarse. No es lo mismo una pieza para un living donde la vida pasa, que para un dormitorio donde se busca calma, o para un estudio donde se necesita impulso.
Por eso, cuando trabajo por encargo, miro el espacio como parte de la obra:
El resultado es una obra que no parece puesta en el espacio, sino nacida para él.
Mi lenguaje es principalmente abstracto. Trabajo con el color, la textura y el gesto para traducir emociones, momentos e historias en imágenes que no necesitan explicarse: se sienten.
Una obra por encargo nace de un encuentro entre tu mundo y el mío: vos traés la historia y el espacio, yo le doy forma con mi mirada.
También me gusta y disfruto incorporar elementos más figurativos o realistas cuando la idea lo pide, siempre integrados a mi lenguaje y a mi forma de pintar.
Cada encargo es una obra original y única: no hago reproducciones ni copias de obras de otros artistas. Si tu idea está fuera de mi lenguaje, prefiero decírtelo con honestidad y, si puedo, recomendarte a alguien que sea ideal para eso.
La única condición es que el encargo me deje crear: cada obra que sale de mi taller es original y nace de mi mirada. Puedo inspirarme en una idea, una emoción, un espacio o una referencia que me acerques, pero no reproduzco nada tal cual.
Por eso, hay encargos que no tomo:
Mi metodología está pensada para que el proceso sea claro, cercano y sin sorpresas. Estos son los pasos:
Contame tu idea y pensamos juntas la propuesta.
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